«¡Oh, no, los contenedores!», gritan los pusilánimes [1] mientras las unidades antidisturbios se dedican a vaciar ojos y a usar munición real [2] contra manifestantes. Pareciera que la gran víctima de las movilizaciones que se están sucediendo esta semana fuera el inerte mobiliario urbano. Es más, si atendemos a las afirmaciones de los «grandes analistas», pareciera que esta ola de violencia espontánea –sí, espontánea, como no podría ser de otro modo– se debe únicamente a la detención de Hasél. La realidad es que los vasallos de los capitalistas –a uno y otro lado del espectro político– no entienden nada. Los trabajadores no queman las calles por un rapero encarcelado, lo hacen porque entienden que la severidad de su condena es desproporcionada [3] y que, en realidad, se debe a que la justicia burguesa lo está juzgando con dureza por ser, o, mejor dicho, por creer que Hasél es «comunista» –ésta no distingue entre churras y merinas, simplemente aparta de un guantazo todo lo que diga ser opuesto a su sistema–. Quizás –una apuesta arriesgada, lo sabemos– también inundan las calles por la rabia acumulada: por el peso de la pandemia que cargan sobre sus hombros, por el último caso de violencia perpetrado por dos «agentes de la ley», por la celebración de unas elecciones absurdas que solo pueden ser calificadas como atentado contra la salud pública –nos referimos a las catalanas, evidentemente, que se han celebrado con una tasas de contagio astronómicamente superiores a las que propiciaron el encierro de 2020–.
Mientras las masas responden de la única forma que pueden responder en ausencia de un partido comunista, con violencia espontánea e inusitada, los socialdemócratas en el gobierno despliegan sus agentes represivos mientras lanzan consignas abstractas sobre la «libertad de expresión», condenan el encarcelamiento de Hasél –como si no tuvieran el poder para ponerle fin– y llaman a la calma, a la paz social. Y, claro está, la espiral de violencia sigue en aumento, haciendo que sea difícil posicionarse. ¿Quién tiene razón? ¿Los contenedores? ¿Los millares de personas que protestan contra la absurda brutalidad del sistema? ¿Vox, Roberto Vaquero, Armesilla, Inda y Bastión Frontal, que creen que Hasél y, por extensión, los manifestantes, «se lo han buscado» y «se lo merecen»? ¡Si hasta el siervo del régimen juche, Alejandro Cao de Benos, mandó «total apoyo a los policías no fachas y de vocación, que tienen que comerse los marrones, los insultos de un pueblo al que sirven»!





