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sábado, 20 de febrero de 2021

¿Con quién estamos, con los contenedores o con el pueblo?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«¡Oh, no, los contenedores!», gritan los pusilánimes [1] mientras las unidades antidisturbios se dedican a vaciar ojos y a usar munición real [2] contra manifestantes. Pareciera que la gran víctima de las movilizaciones que se están sucediendo esta semana fuera el inerte mobiliario urbano. Es más, si atendemos a las afirmaciones de los «grandes analistas», pareciera que esta ola de violencia espontánea –sí, espontánea, como no podría ser de otro modo– se debe únicamente a la detención de Hasél. La realidad es que los vasallos de los capitalistas –a uno y otro lado del espectro político– no entienden nada. Los trabajadores no queman las calles por un rapero encarcelado, lo hacen porque entienden que la severidad de su condena es desproporcionada [3] y que, en realidad, se debe a que la justicia burguesa lo está juzgando con dureza por ser, o, mejor dicho, por creer que Hasél es «comunista» –ésta no distingue entre churras y merinas, simplemente aparta de un guantazo todo lo que diga ser opuesto a su sistema–. Quizás –una apuesta arriesgada, lo sabemos– también inundan las calles por la rabia acumulada: por el peso de la pandemia que cargan sobre sus hombros, por el último caso de violencia perpetrado por dos «agentes de la ley», por la celebración de unas elecciones absurdas que solo pueden ser calificadas como atentado contra la salud pública –nos referimos a las catalanas, evidentemente, que se han celebrado con una tasas de contagio astronómicamente superiores a las que propiciaron el encierro de 2020–. 

Mientras las masas responden de la única forma que pueden responder en ausencia de un partido comunista, con violencia espontánea e inusitada, los socialdemócratas en el gobierno despliegan sus agentes represivos mientras lanzan consignas abstractas sobre la «libertad de expresión», condenan el encarcelamiento de Hasél –como si no tuvieran el poder para ponerle fin– y llaman a la calma, a la paz social. Y, claro está, la espiral de violencia sigue en aumento, haciendo que sea difícil posicionarse. ¿Quién tiene razón? ¿Los contenedores? ¿Los millares de personas que protestan contra la absurda brutalidad del sistema? ¿Vox, Roberto Vaquero, Armesilla, Inda y Bastión Frontal, que creen que Hasél y, por extensión, los manifestantes, «se lo han buscado» y «se lo merecen»? ¡Si hasta el siervo del régimen juche, Alejandro Cao de Benos, mandó  «total apoyo a los policías no fachas y de vocación, que tienen que comerse los marrones, los insultos de un pueblo al que sirven»!

miércoles, 16 de diciembre de 2020

El cruce de argumentos legislativos y morales entre derecha e izquierda sobre la educación y su rol; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Una de esas hipocresías burguesas es la creencia de que la escuela puede mantenerse al margen de la política. Ustedes saben muy bien qué falso es esto. La burguesía misma, que defendía ese principio, hizo que su propia política burguesa fuera la piedra angular del sistema educacional y trató de reducir la enseñanza a la formación de sirvientes dóciles y eficientes de la burguesía, de reducir incluso toda la educación, de arriba abajo, a la formación de sirvientes dóciles y eficientes de la burguesía, de esclavos e instrumentos del capital. Jamás pensó en hacer de la escuela un medio para desarrollar la personalidad humana. Hoy resulta claro para todos que todo esto sólo pueden realizarlo las escuelas socialistas, que tienen vínculos indisolubles con todos los trabajadores y explotados y apoyan de todo corazón la política soviética». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Discurso en el IIº Congreso de toda Rusia de maestros internacionalistas, 1919)

¿Tiene la educación una carga ideológica? La pregunta es hasta un atentado a la inteligencia. 

Ya en el siglo XIX, el jesuita Ramón Ruiz reconocía que la educación era la formación de cada nueva generación en unos valores determinados, instrucción con clara vocación doctrinal:
 
«Bajo el nombre de educación entendemos aquí, la formación consciente de las nuevas generaciones, conforme a la cultura y al ideal de cada pueblo y época. Esa formación puede tener por objeto las facultades intelectuales y los conocimientos con que se enriquecen; o bien, las virtudes o hábitos morales que constituyen el carácter. En el primer caso tenemos la educación intelectual; en el segundo, la educación moral, de la que forma parte principalísima la educación religiosa, como quiera que las más excelentes virtudes son las que se refieren a Dios, o a los demás hombres por respeto de Dios». (Esteban Mira Caballos; De la Formación del espíritu nacional a la Educación para la ciudadanía: Un estudio comparado, 2017)

El liberal-krausista Giner de los Ríos fue un claro opositor de los métodos de estudio anticuados de la Iglesia que condenaba al alumnado:

«Por necesidad constreñida a oír pasivamente una lección, o alternar en un interrogatorio de memoria». (Francisco Giner de los Ríos; Discurso en la Institución de Enseñanza Libre, 1881)

Eso no le impedía reconocer también que no podía darse una formación meramente técnica:

«La Institución no pretende limitarse a instruir, sino cooperar a que se formen hombres útiles al servicio de la Humanidad y de la patria. Para esto, no desdeña una sola ocasión de intimar con sus alumnos». (Francisco Giner de los Ríos; Discurso en la Institución de Enseñanza Libre, 1881)

Por tanto, nadie salvo un iluso o un demagogo declarará que la educación se da o se puede dar sin cargas morales-ideológicas, ya que consciente o inconscientemente ella siempre ha estado y siempre estará presente en el ámbito educativo. La cuestión no es, pues, debatir si eso existe, sino de qué tipo se desea implementar. El resto es palabrería.

Poco antes de la pandemia del COVID-19, hubo mucho ruido con la cuestión del «pin parental» en la educación, y este debate saltó a la palestra una vez más. Medios de comunicación se preguntaban: «¿Es la educación actual independiente del sesgo doctrinal? ¿Puede serlo con un gobierno diferente?». Nosotros podríamos continuar con este apartado exponiendo con todo lujo de detalles el cruce de argumentos jurídicos de uno y otro bando burgués sobre la polémica producida durante los meses anteriores, pero sería una pérdida de tiempo para arrojar luz sobre la cuestión educativa. Por lo tanto, en este apartado abarcaremos esta cuestión de forma somera, incidiendo únicamente en lo necesario para revelar el cinismo de los políticos burgueses. Y es que hoy, la derecha burguesa asume sin complejos las posiciones educativas de la vieja «izquierda» burguesa de los años 70, mientras la nueva «izquierda» se acoge a la defensa de los principios de la vieja derecha.

martes, 29 de septiembre de 2020

La distorsión de la historia denota los delirios de grandeza de nuestros chovinistas; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

«En su momento ya Marx nos advirtió que debíamos estar ojo avizor a las distorsiones que solían hacerse en materia histórica:

«Relación de la historiografía ideal, tal como ella se ha desarrollado hasta ahora, con la historiografía real. En particular, de las llamadas historias de la civilización, que son todas historias de la religión y de los estados». (Karl Marx; Introducción general a la crítica política, 1857)

Gustavo Bueno, en su alto grado de patetismo, llegó a declarar, por orgullo chovinista, que el Imperio Carolingio (768-843) fue simplemente, y en palabras suyas, una «fantasmada»:

«España es el primer imperio que se constituyó después de Roma. (…) El imperio de Carlomagno fue una fantasmada. (…) Como lo fue el Imperio Sacro Germánico. (…) No rebasaron ni Francia, ni Inglaterra, ni nada». (Gustavo Bueno; España, 14 de abril de 1998)

Estamos hablando de uno de los imperios más grandes de su época –justamente en un momento de extremo fraccionalismo territorial en Europa–, con un sistema fiscal muy notable para su época y una eficiente red de funcionarios reales. La conquista militar, incorporación al imperio y la progresiva transformación religiosa de los sajones y de otros pueblos es una muestra palpable de su ambicioso proyecto político, de su ávido expansionismo. La recuperación del derecho romano, el arte y todo su bagaje cultural bajo el llamado «renacimiento carolingio», haciendo de la letra carolina la letra internacional del momento, son otra muestra más de su notable capacidad de desarrollo y adaptación, de síntesis. Si dicho imperio no tuvo trascendencia ni poder, ¿cómo explica la conquista de las tropas carolingias de ciudades como Barcelona o Gerona frente a las tropas musulmanas y la creación de sendos condados en lo que sería luego conocido como la «Marca Hispánica»? ¿Olvida acaso los lazos de dependencia ya existentes entre el Reino de Pamplona con los carolingios, aunque estos lazos se forjaran con la anterior dinastía, la de los merovingios? ¿Cómo explica la misma sumisión del condado de Aragón, sino como muestra ineludible de la dependencia prolongada de estas zonas hacia los francos? ¿A qué se debe el abandono progresivo de la escritura visigótica en pro de la escritura carolina? Estos comentarios del señor Bueno son la prueba inequívoca de su ínfimo conocimiento de la historia en todos y cada uno de sus aspectos.

Uno de sus sucesores, el Sacro Imperio Romano Germánico (962-1806), también es calificado de mera «fantasmada» sin relevancia. Aunque acabase derrotado, lo cierto es que fue durante mucho tiempo una formación política clave en la pugna imperio-iglesia en Occidente, albergó un fuerte control en las florecientes ciudades del Norte de Italia y parte Oriental de Francia, así como más allá del río Elba; de hecho, este imperio fue el impulsor, junto a la Orden Teutónica, de las mayores expediciones colonizadoras y evangelizadoras hacia los territorios eslavos y bálticos del Este –iniciadas por Carlomagno–. Este imperio sería la cuna de grandes y prósperas ciudades, como Lübeck o, poco después, Hamburgo. ¿Qué rigor como historiador podemos atribuirle a este hombre tras estos comentarios que rezuman total ignorancia? ¿Acaso la extensión territorial define si es un imperio en la antigüedad? ¿Acaso su duración? ¿Acaso que tuviese una estructura más descentralizada? Cualquier historiador contestaría que no son preguntas serias, pero aquí de lo que se trata, siguiendo la estrategia de Bueno, es simplemente de desprestigiar y hacer de menos el protagonismo hegemónico, que quiérase o no, tuvieron también otros pueblos en determinadas etapas y zonas de Europa. 

domingo, 25 de agosto de 2019

Vox, el origen de sus miembros y su exaltación del fascismo


«
Ciertamente Vox cumple varios de los puntos clásicos del fascismo –como el racismo, chovinismo y la pretensión de iegalizar a los partidos no afines a los conceptos anteriores–, y en otros parece que está progresando hacia ese punto –como adoptar timida demagogia anticapitalista sobre los problemas de la gente y la opulencia de los ricos–. En otros todavía es pronto para saber si adoptará tal postura –como el usar la violencia para suprimir a los partidos tradicionales–.

Si uno analiza el programa de Vox para las elecciones del 28 de abril, ciertamente no es el programa de la antigua Falange de los años 30, ni siquiera el de Fuerza Nueva en los 70. Hay mayor moderación. ¿Pero que partido fascista tiene un calco de estos programas? Sería anacrónico hasta para la mente cuadriculada del fascista. Incluso en las declaraciones rutinarias en prensa encontramos mayor apego a conceptos como el «liberalismo» que a otros eslóganes propiamente fascistas –recordemos que en principio el fascismo se presenta como antagónico al liberalismo y como su superador entre él y el comunismo–. Pero quedarnos ahí sería un simplismo, ya que como hemos comentado en alguna ocasión, en España con el fin del franquismo, muchos de los elementos de las clases explotadoras que habían apoyado al franquismo tuvieron que resguardarse en distintas agrupaciones políticas como la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez, o la Alianza Popular (AP) de Manuel Fraga, transformando o moderando el discurso y su política para tener éxito en el nuevo régimen –bajo la monarquía parlamentaria–. Nadie negará el desempeño fascista de los ministros franquistas y fueros estos los que aceptaron y encarrilaron el restablecimiento de la monarquía-parlamentaria. Por eso decimos que es ridículo hablar de una burguesía e individuos meramente democrático-burgueses o fascistas, ya que estos viran en función del panorama político:

«La causa de estas pugnas violentas interburguesas que se suceden a veces en los gobiernos capitalistas no solo se deben al arribismo o al autoritarismo de los individuos, sino también a la lucha entre elementos de la burguesía que quieren pasar a formas más coercitivas versus otros que desean adoptar formas de dominación más relajadas o directamente liberalizar el regimen. Estas disputas no son discusiones académicas sobre la forma de gobernar, sino que son en algunos momentos discusiones muy serias, pues de tomar una decisión u otra puede depender de que el sistema burgués salga mejor o peor parado en cada ocasion. Y, aunque como en todas las ideologías, siempre hay exaltados y románticos, estas discusiones no se producen tanto por amor a unos ideales concretos como a la forma en que creen que defenderán sus intereses económicos. Salvo excepciones de sujetos fanáticos… la burguesía no puede ser calificada de fascista ni de democráta-burguesa por naturaleza, puesto que siempre preferirá defender su bolsillo y su patrimonio en detrimento de los intereses de su nación o de su ideología concreta que en ese momento profese». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

miércoles, 22 de mayo de 2019

Las elecciones, la amenaza del fascismo, y las posturas de los revisionistas; Equipo de Bitácora (M-L), 2019


[Post publicado originalmente en 2019 y reeditado en 2023]

«En lo que va de año hemos asistido a toda una serie de opiniones que subrayan la aparición de un discurso antiguo caracterizado por la inquina xenófoba, el chovinismo nacional y el talante antidemocrático, es decir, el ascenso de discursos con tonos que recuerdan en demasía al fascismo. En lo concreto estamos refiriéndonos a la entrada del partido Vox en el panorama político, teniendo como cenit su entrada en el gobierno de Andalucía y  en el «Congreso de los Diputados». Vox parece haber recogido el sentir de grupos antes dispersos y de baja incidencia, como Hoga Social Madrid, escisiones del PP y otras agrupaciones, conocidas en los medios de comunicación durante estos últimos años por su nostalfia hacia los regímenes fascistas. El siguiente documento tendrá como fin analizar qué es Vox, más allá de defensores o detractores.

En el mismo sentido, también hemos de abordar el popularizado temor y creencia que auguraba que dicha formación, Vox, quedaría por delante de partidos tradicionales en las elecciones del 28 de abril de 2019, cosa que finalmente no ha sucedido.

Por último, tendremos que volver a cuestiones ya comentadas aunque sea de pasada: nos referimos al carácter del fascismo o los errores históricos que han cometido los movimientos antifascistas, cuestiones que han sido expuestas en demasía en este medio. De todos modos, siempre que sea preciso, dejaremos los enlaces para que el lector que lo desee pueda profundizar.

Sin más dilación, comencemos.

I
Un análisis de los resultados electorales del 28 de abril de 2019

Para ponernos en situación, debemos de atender al hecho que las elecciones del 28 de abril de 2019 fueron convocadas a causa de la incapacidad del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Pedro Sánchez para sacar adelante los presupuestos del año próximo; algo bastante predecible si consideramos que se encontraba gobernando en minoría, y que le arrebató el gobierno al Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy mediante una «vía no electoral» pero totalmente constitucional que exigió la colaboración de varios grupos políticos con diferencias programáticas pronunciadas. Esto arrojaba una evidencia clara, la unidad de esas fuerzas políticas contrapuestas solo fue circunstancial y a propósito de la aplicación de la «Moción de Censura» a Rajoy, una vez alcanzado no había nada que pudiera mantenerlas en un propósito común.

Lo primero que hay que observar en las recientes elecciones es la participación: 75,75%, un 9,3% mayor que en las elecciones de 2016. Estas cifras tumban las fantasías de anarquistas y todo tipo de bakuninistas disfrazados de marxistas sobre la llamada «revolucionarización de las masas» y la presunta «pérdida de ilusiones sobre el parlamentarismo» con que adornan su propaganda. Y es que si algo han demostrado estas elecciones es la vitalidad del sistema capitalista y sus representantes, que se sostienen a pesar de los sonados casos de corrupción e incumplimiento de sus promesas electorales. Además se observa la debilidad manifiesta de la clase obrera y sus organizaciones, ya que no hay ninguna organización ya no marxista sino revolucionaria, que haya logrado representación. Esto será analizado más adelante, pero que no debemos perder de vista: el proletariado no tiene idenpendencia y representación política.

A grandes rasgos, los resultados en las elecciones son los siguientes.

El gran triunfo del PSOE

El sorprendente resultado del PSOE con 28,68% y 123 escaños, lo cual supone un amplio ascenso. Esto difícilmente es explicable si tenemos en cuenta que Pedro Sánchez no ha cumplido prácticamente ninguna de sus promesas que esgrimía poco antes de solicitar la «Moción de Censura» contra la Presidencia de Mario Rajoy. Que en estos meses haya logrado ampliar los apoyos pese a incumplir su programa puede explicarse, en gran medida, por el miedo que ha causado la irrupción de Vox en el gobierno andaluz y sus primeras medidas reaccionarias tomadas desde una posición de poder. Ha habido, pues, un efecto rebote por el «ascenso del fascismo» de Vox que ha hecho movilizar al electorado que generalmente se encuentra en el espectro ideológico a la izquierda del PP, C’s y Vox.